Imagen: Danae de Gustav Klimt

En realidad, ya no se cuestionaba qué hacía en el coche de un desconocido, a las seis de la mañana, comiéndose una roja manzana y mirando al infinito...una larga hilera de semáforos en verde la conducían lejos de su memoria.

Otra noche más, regresaba de provocar y recibir una dorada lluvía de un zeus cualquiera, íntegramente vestido de gris, a cambio de tres "marrones". Los párpados pesados y un sólo deseo: un billete de ida -y estancia de 24 horas -hacía sus propias sábanas blancas.