Imagen: Retrato de Edward James. (La Reproduction interdite). 1937

Después de la cena de cumpleaños, la casa quedó desierta y silenciosa, ni siquiera se percibía el eco de las últimas conversaciones, esa estela que siempre queda tras el paso de una riada humana. Eduardo recibió con una sonrisa todos sus regalos, entre ellos "El camino a Wigan Pier", pero permanecía pensativo y aprovechó las tapas verdes del libro para hundir en ellas su mirada y abstraerse mientras las acariciaba. Todos notaron su cansancio y decidieron ir retirándose.

En la chimenea, unas pobres brasas animaban al recuerdo de un buen fuego, breve futuro de un glorioso pasado. Un año más, se colocó frente a ella y levantó la cabeza, en el espejo que la coronaba encontró la misma respuesta de los tres últimos años…la misma imagen obstinada y permanente que le hizo pensar que definitivamente se había dado la espalda, que nunca más conseguiría verse frente a frente y que el tiempo que le quedara de vida sólo podría perseguirse sin alcanzarse…