Foto de aquí

 

 

Nací el día del terremoto. Siempre me han contado la misma historia llena de lagunas e imprecisiones. En realidad, creo que el tiempo ha pasado por ella transformándola en leyenda. La buganvilla roja tronchada en el suelo, del mismo color que el charco de sangre al pie de la escalera. La figura que se cayó del estante, estrellándose contra el piso que dibujaba figuras geométricas, en el mismo instante que mi cabeza asomaba. Nunca se reparó esa figura decapitada, la cabeza permaneció junto a la base, durante años.

Cuando me marché de casa de mi familia, mi madre me la regaló, se acercó con el cuerpo en la mano derecha y la cabeza en su mano izquierda, “llévatela, me gustaría que te acompañara, consérvala como un símbolo…de vida”. Esta noche me he despertado de un sueño extraño y he pensado en esa figura que hace veinte años se traslada conmigo donde voy. La he sacado de la librería, el cuerpo y la cabeza, los he pegado…y de repente, me he sentido menos rota.